Árboles azulados

Ecualizaciones1

En pleno Antropoceno, resulta cada vez más común encontrar proyectos que echan mano de estrategias artísticas para defender a los ecosistemas de las actividades depredadoras de las industrias extractivas. Un buen ejemplo de estos proyectos es Blued Trees (o Árboles azulados), iniciado y coordinado en Estados Unidos por la artista Aviva Rahmani. En palabras de Rahmani, Blued Trees es una sinfonía conceptual, ecológica y situada, que desafía el control amoral del mundo.

En la costa este de Estados Unidos, existe un proyecto para construir un ducto que transportará gas, obtenido mediante la técnica conocida como fracking, a través de un corredor llamado Algonquin. Dicho corredor se encuentra muy cerca de la planta nuclear Indian Point en Westchester, Nueva York. Según la artista, un accidente en la tubería podría desencadenar una catástrofe como la de Fukushima. Sin embargo, más allá de posibles riesgos, una instalación como la que atravesará el corredor Algonquin compromete el bien común, permitiendo su apropiación por parte de industrias que extraen combustibles fósiles mediante técnicas ecológicamente insostenibles.

Como respuesta, Rahmani planteó Blued Trees: una instalación permanente que tendrá lugar a lo largo de una tercera parte del corredor Algonquin, y cuya estrategia para frenar el avance del gasoducto consistirá en pintar los árboles que serán derribados para permitir su paso. Usando pinturas no tóxicas, los árboles, silenciados y condenados, se convertirán en lienzos de una obra artística protegida por derechos de autor. Y, usando estos derechos, la artista y sus colaboradores intentarán frenar la destrucción de ese bosque, perturbando así los planes de las empresas extractivas.

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Sin embargo, la batalla que la pieza Blued Trees plantea no será fácil de ganar. Aviva Rahmani ha estimado que el proyecto podría desencadenar un proceso legal de larga duración y alto costo monetario. Por ello, planea lanzar una campaña de crowdfunding, pero no sólo eso: para crear una masa crítica, que en caso de llegar a la corte podría dar apoyo al proyecto, ha invitado a quienes tengan alguna propiedad en el corredor Algonquin a unirse al proyecto pintando de azul sus propios árboles.

Para iniciar una conversación sobre el bien común y los valores morales y éticos, pero sobre todo para oponerse al avance desenfrenado de la extracción de combustibles fósiles, Blues Trees aprovecha de manera estratégica nuestra visión antropocéntrica del mundo, así como la noción de propiedad intelectual. Los árboles que Blued Trees logre salvar no quedarán en pie por el simple hecho de ser seres vivos, sino porque estarán protegidos por los derechos de autor correspondientes al trabajo que sobre ellos plasmarán los artistas. Se trata, pues, de una paradoja inteligente: un ejemplo de cómo los artistas pueden operar de formas oblicuas e inesperadas para mitigar los efectos del Antropoceno.

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