Magnetocepción

Ecualizaciones1

Nosotros, los seres humanos, somos capaces de estar en el mundo gracias a la interfaz de nuestros cinco sentidos: podemos verlo, escucharlo, sentirlo, probarlo, olerlo. Sin embargo, se sabe que otros seres vivos están en el mundo de otras maneras radicalmente diferentes, puesto que sus sentidos captan señales que a nosotros se nos escapan. Esta es una de las razones por las cuales jamás podremos evitar completamente una interpretación antropocéntrica del mundo: jamás sabremos con exactitud qué forma toma para aves, reptiles, insectos o bacterias.

Son precisamente estos animales quienes poseen el sentido de la mangnetocepción, es decir, la capacidad de percibir los campos magnéticos que los rodean. Para los animales migratorios, la magnetocepción es un factor fundamental que guía sus rutas a lo largo y ancho de la tierra. Y, tal como existen órganos para ver o escuchar, dichos animales cuentan con magnetoreceptores: pequeños depósitos de magnetita que reacciona a cambios magnéticos en la tierra.

Curiosamente, como vestigio de un pasado lejano, los seres humanos tenemos también un pequeño depósito de magnetita en el hueso etimoides de nuestra nariz. Sin embargo, nuestra capacidad de respuesta a las variaciones que este depósito puede detectar se ha atrofiado con el paso del tiempo. Hoy en día, nos resulta imposible recorrer grandes extensiones sin la ayuda de mapas o dispositivos de geolocalización.

¿Es posible restaurar este sentido atrofiado? ¿Podemos volver a traducir el mundo (si es que alguna vez lo hicimos) en términos de magnetismo? El trabajo Magnetoceptia, de Dewi de Vree y Patrizia Ruthensteiner emprende, de manera poética, esta búsqueda.

016_F_Magnetoceptia

Escriben las artistas en su página web:

Magnetoceptia es una serie de performances e instalaciones en las que una serie de trajes dotados de antenas captan campos electromagnéticos, y los traducen a sonidos electrónicos. El proyecto es una investigación sobre las diferentes propiedades de los materiales naturales y tecnológicos. Ramas de avellanos, tallos de bambú o una vieja rueca se combinan y entretejen, siguiendo diferentes patrones, con componentes electrónicos y bobinas de alambre de cobre. Los sonidos captados por la antena dependen del lugar, y son modulados por las posiciones y movimientos de las performers.

Según Timothy Morton, cada ser, cada cosa, traduce el mundo en sus propios términos, es decir, según su propia configuración material. Un parlamento de las cosas sería, según esta observación, un sitio de confluencia en el que todas esas traducciones pudieran escucharse y traducirse, a su vez, en términos que otros seres lograran entender. Además, según Morton, el arte es capaz de convertirse en una especie de laboratorio para la exploración de esas múltiples traducciones, logrando con ello asumir el papel de interface para la coexistencia de seres diversos. Magnetoceptia es un claro y bello ejemplo de cómo el trabajo artístico puede acercarnos a un entendimiento del mundo que, a pesar de ser compartido por seres que viven a nuestro alrededor, nos es ajeno. Es, por ello, un trabajo que puede llevarnos hacia una mayor empatía con esos seres, a quienes por largos siglos hemos considerado inferiores.

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