Neutralidad del buscador

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Dentro del Laboratorio Permanente de Investigación, se llevó a cabo una revisión de la idea de virtualización, a partir de la inquietud que generaba la distinción entre virtual y real en el ámbito tecnológico, donde dichos términos han sido utilizados en oposición, como si lo virtual no fuese parte constitutiva de lo real. Así, consideramos necesario hacer una lectura de un texto clásico que aborda esta problemática, ¿Qué es lo virtual? de Pierre Lévy.

En  dicha  obra,  lo  que se  plantea  es  poner  en  cuestión  esta  relación,  remontándose  al origen de la palabra virtual, virtualis, derivado de virtus, que significa fuerza o potencia. En este sentido, la oposición operaría con lo actual y no respecto a lo real; por el contrario, lo virtual no sólo  no  se  confrontaría  con  este  último  sino  que  lo  constituiría,  permitiendo  configurar  sus modos de transformación creativa y de convertirse en algo diferente.

El  par  virtual­-actual  pertenece  a  una  cuestión  temporal,  en  donde  lo  virtual  son  los vectores de potencia y de problematización que se actualizan. La forma en la que lo hacen pasa por un proceso que llamamos virtualización:

La virtualización  no es una desrealización  (la transformación  de una realidad en  un  conjunto  de  posibles),  sino  una  mutación de  identidad,  un desplazamiento del centro de gravedad ontológico  del objeto considerado: en lugar  de  definirse  principalmente  por  su  actualidad  (una  «solución»),  la entidad  encuentra  así  su  consistencia  esencial  en  un  campo  problemático. Virtualizar una entidad cualquiera consiste en descubrir la cuestión  general a la  que se refiere,  en  emular la  entidad  en  dirección  a  este interrogante  y  en redefinir la actualidad de partida como respuesta a una cuestión particular. [1]

Es decir, consiste en una transformación problemática que desplaza un objeto, situación o estado de  cosas  en  algo  diferente.  Así,  dicho  proceso supone siempre  un  cambio  de  lugar  y  tiempo, puede  incrementar  la  velocidad  o  deslocalizar  los  espacios  en  los  que  ocurre.  Por  ejemplo, nuestra  economía,  basada  en  la moneda  y  las  transacciones  bursátiles  a  través  de  algoritmos, deslocaliza y desincroniza a gran a escala el trabajo y el consumo. Además, Lévy añade otros rasgos distintivos de esta virtualización de la economía en la que se permite mayor facilidad de  intercambio y puesta en común, así como el paso a lo público, a lo anónimo y “a la sustitución parcial del incesante juego de las negociaciones y las relaciones de fuerza individuales por un mecanismo impersonal”. [2] El cambiante proceso económico genera efectos cada vez más rápidos, inexplicables  e  irracionales  en  las  finanzas  personales  de  manera  generalizada  y  en  una  red compleja,  como  es el  caso de los movimientos de la bolsa que ocurren  a través de algoritmos donde las transacciones automatizadas producen variaciones inesperadas a nivel global.

Gran parte de la complejidad de estos fenómenos, en campos como la economía, sucede por  medio  del  funcionamiento  encriptado  y,  ocasionalmente,  inesperado  e  imprevisto  de  los algoritmos.  Las  lógicas  y  formas  de  operación  suelen  ser  inaccesibles  a  la  mayoría  de  la población mundial e inclusive para los expertos pueden resultar impredecibles. Esto fue lo que pasó  en 2012,  con la firma financiera de  alta tecnología Knight Capital, la  cual se  encontró  a punto de la quiebra por  el descontrol sobre un  algoritmo que  al  ejecutarse generó pérdidas de más de 400 millones de dólares, en apenas 45 minutos. En éste y otros casos, se puede observar que  los  algoritmos  tienen  implicaciones  a  diversas  escalas,  tanto  globales  como  locales.  La cuestión aquí radica en que los vínculos y redes formados a través de estos modelos de economía tienen repercusiones reales y concretas que impactan a muchos estratos de la población mundial, en donde algunos resultan más afectados y otros reciben beneficios no equitativos.

Así,  las  devaluaciones,  las  crisis  económicas  y  los  efectos  que  conllevan  algunos movimientos bursátiles crean una especie de escepticismo económico, una cierta opacidad en los procesos que determinan el valor fluctuante de los activos del mercado global y repercuten, en términos tangibles, sobre la vida  cotidiana  de las personas. Esta nueva forma de organización económica, Jeremy Rifkin la describe como la transición de una economía de mercado a una en red:

El  intercambio  de  propiedad  entre  comprador  y  vendedor,  el  rasgo  más importante del sistema moderno de mercado, se convierte en acceso inmediato entre servidores y clientes que operan en una relación  tipo red. Los mercados se mantienen pero tienen un papel cada vez menor en los asuntos humanos. En la economía-­red,  en lugar de intercambiar la propiedad,  es más  probable que las empresas accedan a la propiedad física  y a la intelectual. […] Por otra parte, el capital intelectual es la fuerza motriz de la nueva era y lo más  codiciado. Los conceptos, las ideas, las imagenes —no las cosas— son los auténticos  artículos con valor en la nueva economía.  La riqueza ya no reside en el capital físico  sino en la imaginación  y la  creatividad humana. Deberíamos  señalar  que  el  capital intelectual rara vez se intercambia. Por el contrario, los proveedores lo retienen rigurosamente y lo arriendan u ofrecen a otros la licencia de uso por un tiempo delimitado. [3]

Dicho  contexto  actual  opera,  como  hemos  venido  desglosando,  con  algoritmos  cuyos mecanismos  gestionan,  distribuyen,  reparten  y  generan  transacciones  a  partir,  no sólo  de  un capital físico existente, sino de datos, información y cifras, en donde la especulación juega un lugar sumamente significativo dentro de éstas. Como bien menciona este autor, se trata de una era  del  acceso  y no de la  propiedad,  o más  bien,  de  una  época  en la  que los sentidos  de  esta última se desplazan y cobra otros diferentes. Siguiendo a Rifkin, este nuevo paradigma considera a los conceptos, las ideas y las imágenes como artículos con valor que deberán ser administrados bajo otras reglas.

Frente  a  este  emergente  horizonte  del  acceso,  una  de  las  empresas  que  ha  tomado  el control  es  precisamente  Google;  basada  también  en  algoritmos,  ha  logrado  abrir  otras  vías  y canales  de  paso  para  que  grandes  empresas  comerciantes  de  material  desterritorializado  y desincronizado logren ser publicitadas mediante las búsquedas de los usuarios. De esta forma, la venta de bienes efímeros como el turismo, la compra de experiencias de vida, la adquisición de artículos  denominados  de  ocio:  música,  juegos,  aplicaciones,  etc.  ha  permitido  que  en  “los mundos virtuales del ciberespacio todo tipo de diversión mediada electrónicamente se convierta rápidamente  en  el  centro  de  un  nuevo  cibercapitalismo  que  comercia  con  el  acceso  a  las experiencias culturales”. [4]

Google  ha  logrado  acaparar  y manejar  gran  parte  de  este  capital  intelectual  y  de  ocio concentrándolo  bajo  sus  condiciones  y  posicionándose,  a  su  vez,  como  un  receptáculo  que pretende contener toda la información posible, tanto popular como especializada. Esto último, le ha  permitido  ejercer  nuevas  formas  de  propiedad,  dentro  de  las  que  dicta  condiciones  de búsquedas, resultados, accesos y usos. Dichos modelos consisten, como hemos visto arriba, en que  el  material  intelectual  rara  vez  se  intercambia  pues,  para  poder  hacerlo,  sería  necesario poseerlo. Así, lo que se realiza  es más  bien  un  control  del flujo  de la información,  donde los proveedores retienen rigurosamente, arriendan u ofrecen a otros, licencias de uso de esta clase de productos por un tiempo delimitado.

Google y su algoritmo.

Podríamos afirmar, a partir de las líneas precedentes, que uno de los algoritmos implicados en la economía [5], con más impacto en nuestra cotidianidad, es el usado por dicho motor de búsqueda. Creado  como Google Inc.  en 1998,  al principio  consistía sólo  en un proyecto universitario de buscador que terminó convirtiéndose en una empresa nacida bajo la consigna de organizar toda la  información  del  mundo  y  de  la  cual  se  desprendieron  diversos  servicios  y  productos relacionados  con  Internet,  software,  dispositivos  electrónicos  y  otras  tecnologías. [6] En  la actualidad, su  buscador  ha  alcanzado  las  1000 millones  de  consultas  diarias  y  ha  conseguido representar  el  60% de  éstas  a nivel mundial  en  comparación  con otros buscadores. Así, se  ha constituido en una especie de corazón o centro de la vida digital de todos las personas, debido a la  huella  electrónica  que  genera  a  partir  de  cada  una  de las interacciones  de sus  usuarios: los lugares que visitan, los recorridos que trazan en la ciudad, las páginas más visitadas que refieren a sus preferencias sociales  y gustos privados, logrando  configurarse  como  un gran sistema  de datos y memoria al servicio del cibercapitalismo. Si en primera instancia el buscador de Google se ha descrito a sí mismo como una base de datos de intenciones, donde su función consiste en intentar adivinar y dar al usuario lo que consulta, en realidad, desde sus intereses empresariales, más que proporcionar aquello que es googleado, lo que brinda son, por una parte, motivaciones de consumo y, por la otra, formas de estandarización  de gustos y conocimientos.

Con el objetivo de desarrollar estas finalidades, la compañía de Palo Alto ha partido de ciertos  criterios  de selección  y  exclusión  para  los  resultados  de  las  búsquedas  que  obedecen siempre  a  la  industria  de  bienes  y servicios.  Esto  es  así,  dado  que su  posicionamiento  como emporio  informacional, sólo  ha sido  posible  gracias  a  la  venta  de  algunas  de sus  acciones  a grandes cotos de poder económico.

Ahora bien, el algoritmo con el que funciona, diferencia diversas fases en su rastreo de información: el crawling o gateo, la indexación y la lucha contra el spam. [7] Durante la primera etapa, el sistema comienza a buscar a lo largo de los 30 billones de sitios existentes en Internet, sondeando,  en ínfimas fracciones de segundo, los vínculos página  a página. Tras  el gateo, los posibles resultados se  clasifican  de  acuerdo  a su  contenido  y  otros factores, manteniendo  una monitorización de toda la información  que se encuentra indexada. En un segundo momento, el motor pone en marcha los programas y fórmulas, dirigiéndolos a ofrecer la mejor opción para la búsqueda  del  usuario.  Sobre  estas  pistas,  extrae  cualquier  contenido  relevante  de  los  sitios indexados, ordenandolos mediante el uso de aproximádamente 200 criterios. Finalmente, realiza un recorte de todas las páginas que puedan ser consideradas como spam.

Algunos de estos criterios, cuestionablemente imparciales, son:

  • Frecuencia de palabras
  • Edad del sitio
  • Páginas vinculadas
  • Lugar y accesibilidad
  • Frecuencia de actualización
  • Arquitectura de la página

Ninguno  de  estos factores  puede  considerarse  neutral  puesto  que,  por  ejemplo, la  cantidad  de páginas  vinculadas  o  la  frecuencia  de  actualización  obedecen  a  una  lógica  de  mercado  y consumo que ellos mismos propician. Es decir, si uno de los criterios de selección y exclusión consiste  en la  popularidad  de la  página,  dicho  estatus  es  ganado  gracias  a la  propia  oferta  de resultados que el buscador ofrece, estandarizando y unificando las necesidades de los usuarios.

Declaración de intención de la proto­pieza

Nuestro  interés  en  el  desarrollo  de  la  proto­pieza  es  cuestionar  la  neutralidad  del  motor  de búsqueda  de  Google.  Aunque  el  algoritmo  con  el  que  trabaja  parece  regirse  por  criterios  funcionales cuya única finalidad es la de ofrecer a los usuarios resultados relevantes dentro de su base de datos, son cuestionables las reglas de indexación con las cuales se valora cada sitio. Si bien estos factores parecen neutrales, siempre estarán atados al negocio de la empresa que es la venta  de  publicidad, si  los  observamos  de  cerca,  descubrimos  que  obedecen  a  una  lógica  de mercado regida en gran medida por procesos irracionales controlados por algoritmos.

Además, cada vez que se utilizan sus servicios asociados, y aparentemente gratuitos, se acuerda  ceder  ciertos  derechos sobre  el manejo  de la información  privada, finalmente,  ésta  es administrada  para  alimentar sus  algoritmos  permitiéndole  aprehender  datos y preferencias  que son  utilizados  para  dirigir  la  publicidad  y  los resultados  de sus  búsquedas.  Al ser  un sistema configurado por las inclinaciones e intereses de los usuarios, se puede entender también como una base de datos que induce motivaciones más que ofrecer resultados de intenciones.

Esta inducción fomenta una estandarización del pensamiento y los gustos, conduciendo a una cierta monopolización de las ideas que puede llegar a cerrar canales de crítica y pensamiento emergentes. Es importante señalar que, para nosotros, la intención de este gesto y acercamiento es  cuestionar la neutralización  o naturalización  que hacemos del buscador y no tanto  el negar que puedan generarse, fomentarse y construirse usos alternativos del mismo; además, queremos apuntar,  enfatizar  y  no  olvidar  el  carácter  empresarial  de  esta  herramienta  tan  interiorizada, usada y de la que somos dependientes en nuestra vida cotidiana.

Otro caso importante donde se observa la no imparcialidad de este motor de búsqueda, es en los servicios que ofrece a los gobiernos para eliminar de su índice algunos de los contenidos que éstos no consideran convenientes difundir, permitiéndoles censurar información que no les favorece.

Todas  las  ideas  anteriores  aquí  esbozadas  alimentaron  los  siguientes cuestionamientos:

  • ¿Cómo la tecnología modifica nuestra forma de pensar y actuar?
  • ¿Cómo el uso de este buscador y la dependencia de su uso restringe las posibilidades de nuestro
  • ¿Qué libertades cedemos al hacer uso de estas tecnologías?
  • ¿Cuáles son las intenciones de diseño del sistema de búsqueda de Google?
  • ¿Cuáles son los riesgos de tener un sólo buscador y las consecuencias de la monopolización de las ideas?
  • ¿Cuál debería ser el papel del usuario respectos a estas tecnologías de la información?
  • ¿Será necesario, acaso, un nuevo paradigma de usuario crítico, resistente y creador?
  • ¿Dónde,  en  quién  o  quiénes  recae  la  política  y  la  regulación  de  estos  sistemas  de comercialización?

Descripción formal de la proto­pieza: Neutralidad de buscador

La proto­pieza es un gesto que emula el funcionamiento de un buscador web, sin embargo, no ofrece  páginas  como  resultado,  sino  preguntas  que  desean  cuestionar  al  usuario  acerca  de algunas problemáticas que surgen a raíz de utilizar estas tecnologías, También, hemos intentado propiciar una reflexión que nos permita preguntarnos por qué buscamos lo que buscamos o qué esperamos obtener de ello.

Este  buscador  crítico  pretende  proponer  nuevos  enfoques  al  relacionar  campos  de conocimiento  aparentemente  distintos,  en  un  simulacro  que  arroja  como  resultados cuestionamientos sobre palabras clave. A su vez, esta proto­pieza funcionó como un ejercicio de apropiación tecnológica y una estrategia de virtualización y desplazamiento del uso común que se espera obtener de dicho motor de búsqueda.

Por último, nos gustaría señalar que su carácter de prototipo recae en distintos aspectos:

  1. La  pieza  fue  concebida  en  un  jam de  18  horas  aproximadamente,  después  de haber realizado una recopilación, reflexión y lluvia de ideas sugeridas por el texto de Lèvy y Rifkin.
  2. Más  que  un  trabajo  terminado, su  relevancia  radica  en  el  proceso  realizado  y colaborativo  hecho  por  personas  de  disciplinas  muy  diversas:  ingenieros, literatos,  diseñadores,  artistas  digitales,  filósofos,  programadores,  etc.  La interacción,  el  diálogo,  la  apertura  y  el  darse  cuenta  que  compartimos  una necesidad  de  producción  crítica  desde  el  arte  hacia  la tecnología, fue  un factor emergente y resultante de esta experiencia creativa.
  3. Por  último,  la  base  de  datos  contenida  en  nuestro  buscador  es  limitada  y  el formato  es  aún  experimental.  Se  espera  que  este  gesto  continúe  su  camino, perfeccionándose pero, sobre todo, con la fuerte y firme intención de que sea un proyecto  en  común,  abierto  a  todos  y  en  donde  las  personas  puedan  colaborar, indexar sus palabras claves y relacionarlas con preguntas e imágenes que deseen crear, desde sus contextos, individualidades y su propia apropiación de búsqueda.

Dirección y acceso al buscador: http://medialab.cenart.tv/Proyectos/2015.html


[1] Lévy, Pierre, ¿Qué es lo virtual?, Paidós, Buenos Aires,  p. 12.


[2] Ibid. p. 40.


[3] Rifkin, Jeremy, La era del acceso. La revolución de la nueva economía, Paidós, Madrid, p. 3­4.


[4] Ibid. p. 130.


[5] Decimos implicados puesto que no es exactamente un algoritmo del mismo tipo que los utilizados en las transacciones bursátiles.


[6] Cfr. “Google”, Wikipedia, <http://es.wikipedia.org/wiki/Google&gt;, consultado el 25 de marzo de 2015.


[7] Cfr. “How search works”, Google, <http://www.google.com/insidesearch/howsearchworks/thestory/&gt;, consultado el 25 de marzo de 2015.

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